Realm of Ink es uno de esos juegos que no esconde sus inspiraciones, y está bien que así sea. Es, descaradamente, un roguelite de acción al estilo Hades, pero vestido con una identidad visual de pintura de tinta china que lo hace destacar entre la marea de imitadores del juego de Supergiant. Si te enganchaste con Hades, acá vas a sentirte como en casa.

Una historia pintada a mano

Encarnás a Red, una espadachina creada a partir de tinta que debe escapar de un mundo de cuentos en constante reescritura. La premisa narrativa es simple pero funcional, y sirve de excusa perfecta para justificar la estructura roguelite: cada muerte te devuelve al inicio, pero con conocimiento y mejoras permanentes. La dirección artística inspirada en la pintura tradicional asiática es, sin dudas, su mayor virtud.

Captura del juego

Construí tu propio estilo

El corazón de Realm of Ink está en su sistema de builds. A medida que avanzás, vas combinando armas, espíritus acompañantes y habilidades para forjar combinaciones devastadoras. La variedad es amplia y permite experimentar con estilos de combate muy distintos entre una partida y otra. El gunplay —o mejor dicho, el "swordplay"— es fluido y responde bien, con esa sensación de poder creciente tan adictiva del género.

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Lo bueno y lo repetitivo

Donde Realm of Ink flaquea es en la variedad de escenarios. Después de varias horas, los biomas empiezan a sentirse repetitivos y la falta de sorpresas se nota. La historia, aunque correcta, tampoco logra el carisma narrativo que hizo de Hades algo memorable. Es un muy buen juego, pero le falta ese plus para dar el salto a la grandeza.

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Veredicto

Realm of Ink no reinventa el género ni lo pretende, pero ejecuta la fórmula roguelite con buen gusto y una personalidad visual única. Es una opción sólida y muy disfrutable para los fanáticos del género que buscan algo familiar con un envoltorio fresco. Descubrí más lanzamientos en Powstreet.